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  Meditación
 

Una salvación tan grande

Raúl Torres Calistro
Pastor de la Asamblea de Dios Autónoma de Chillán Viejo
VIII Región

"Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?..." (Hebreos 2:1-3).

En este pasaje bíblico tenemos una advertencia que merece nuestra atención. Y no es la única que el escritor sagrado hace en esta carta. En el capítulo tres hace una advertencia contra la incredulidad, en el cinco advierte contra la apostasía, y en el doce hace una advertencia a los que rechazan a Dios. En el pasaje citado más arriba, la advertencia es contra el grave peligro de descuidar algo que tiene un valor incalculable: la salvación.

Nuestro Señor Jesucristo dijo: "Porque, ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mateo 16:26).

Por lo general, un descuido trae consecuencias lamentables y, a veces, fatales. En realidad, son muy funestos el descuido, la falta de interés y la apatía. Los que hemos sido salvos por la gracia del Señor Jesucristo, debemos tomar muy en serio el testimonio y la doctrina de Cristo y de los apóstoles, y prestar mucha atención a la Palabra de Dios, a la relación con Cristo y a la dirección del Espíritu Santo. Al no hacer esto, estamos descuidando esta salvación tan grande, y corremos el peligro de deslizarnos por la corriente sin poder detenernos en el lugar donde tengamos seguridad.

Una gran salvación

La grandeza de la salvación se confirma por tratarse de una salvación anunciada…por el Señor, nos fue confirmada por los apóstoles, y fue testificada por el ministerio del Espíritu Santo. (Hebreos 2:3-4)

Es una gran salvación, por la grandeza de aquel que nos salvó.
Nuestro gran Señor y Salvador Jesucristo es el heredero de todas las cosas, el creador del universo y el resplandor de la gloria del Padre. Él es el que sustenta todas las cosas con la Palabra de su poder. Es superior a los ángeles y a Moisés. Aquel que nos salvó, nuestro Señor Jesucristo, tiene un nombre que es sobre todo nombre. El Padre le sentó a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero. ¡Que grande y excelso es nuestro querido Salvador! (Filipenses 2:9; Efesios 1:20-23). Por eso es una salvación tan grande.

Es una gran salvación, por la terrible condición de la que Cristo nos salvó.
Nuestra condición era miserable, desastrosa. Estábamos muertos en delitos y pecados, sin Dios y sin esperanza en el mundo. Pero Él nos salvó de la culpa, del dominio y de la pena del pecado. Nos libra de la ira de Dios que debe reposar para siempre sobre el pecado y el pecador. ¡Qué gran salvación! (Efesios 2:1-5; ).

Es una gran salvación por la feliz posición a la que nos salvó.
Gracias a esta gran salvación, los creyentes fuimos trasladados desde el reino de las tinieblas al reino de luz. Dios nos hizo justos y nos dio el derecho de ser hijos de Dios. Por lo tanto, también somos miembros de la familia de Dios y herederos de la vida eterna, la cual disfrutamos en esta vida y en la venidera. La Biblia dice que Dios nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. ¡Qué maravillosa posición! ¡Qué gran salvación! (Juan 1:12; Ef. 2:19; Colosenses 1:12-13).

Es una gran salvación, por el incalculable e inmensurable precio que Cristo tuvo que pagar por nuestra salvación.
Cristo pagó el precio de nuestra salvación, dándose a sí mismo. El apóstol Pedro, refiriéndose al precio de esta gran salvación escribe: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1a. Pedro 1:18-19).

Tal vez muchos no valoren esta gran salvación, porque se recibe gratuitamente. Sin embargo, Cristo tuvo que pagar un precio incalculable por ella. El apóstol Pablo, en su primera carta, escribiendo a los corintios dice: "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1a. Corintios 6:20).

La mejor forma de valorar nuestra salvación y no descuidarla es honrando a Dios y haciendo todo para su gloria.

Una gran salvación que puede ser descuidada

Debido a que existe el peligro de descuidar esta salvación tan grande, Dios nos exhorta diciendo: "…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor…" (Filipenses 2:12)

Este "ocupaos" no se refiere a tener que hacer "buenas obras" para salvarnos. En las Escrituras está muy claro que la salvación no es por obras, por lo que nosotros hagamos, sino que es por gracia. Sin embargo, debe haber una constante preocupación por vivir y expresar la salvación a través de un avance progresivo en la vida y carácter cristiano, viviendo piadosamente y en santidad.

Hay varias formas como descuidar la salvación. Puede ser descuidando el Día del Señor, no congregándonos con los santos. También si descuidamos la Palabra de Dios, el evangelio de Dios y una vida llena del Espíritu Santo.

Por otra parte, los obstinados que rehúsan ir adelante y los flexibles que se vuelven atrás, descuidan igualmente la salvación. No tratar con seriedad la gravedad del pecado conduce al descuido de la salvación. David, cuando tuvo que tratar seriamente la gravedad de su pecado, clamó a Dios de lo más profundo de su corazón: "Vuélveme el gozo de tu salvación…" (Salmo 51:12).

Un descuido que no tiene alternativa

Cierto predicador, al exhortar sobre Hebreos 2:1-4, comenzó diciendo: "Tengo una gran pregunta que hacerles, una pregunta que ni Dios la puede contestar. ¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?"

¡No hay forma, no hay alternativa! Al menos que aceptemos y recibamos la salvación que Dios ha provisto por medio de la obra redentora de Cristo, su amado y único Hijo en la Cruz del Calvario, estamos perdidos, estamos condenados.
Algunos hombres, en la soberbia de sus corazones, han intentado hallar una respuesta a esta gran pregunta, inventando y ofreciendo alternativas, pero ¡no la hay!

¿Podrá un comerciante escapar de la ruina si descuida su negocio?
¿Podremos escapar del hambre si descuidamos la comida?
No podemos escapar de las tinieblas si descuidamos la luz.
Tampoco podremos escapar de la ira de Dios si descuidamos el DON de Dios
¿Cómo escaparemos de la condenación del infierno si descuidamos la salvación del cielo?

Querido hermano y amigo, déjame decirte que todo el oro del mundo, todos los placeres, bienes, riquezas, fama y gloria que este mundo nos ofrece, jamás podrán compensar esta salvación tan grande. Por eso Jesús dijo: "¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma, ¿o qué recompensa dará el hombre por su alma?"

Deslizarse, ir a la deriva, descuidarse puede ser algo indoloro, inconsciente, que no nos damos cuenta. Esto hace que sea mayor el peligro.

Entonces, es importante que prestemos atención a la gran advertencia que Dios nos hace: "…es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos"

¡Prestemos atención a la Palabra de Dios, al evangelio de Dios!
¡Valoremos nuestra salvación!
¡Aferrémonos a ella!

Querido amigo, si aún no eres salvo, acepta y recibe la salvación que Dios te ofrece gratuitamente. Acepta y recibe a Cristo como tu único Señor y Salvador.

¡Qué Dios te bendiga!