Mauricio
Bastias Ulloa
Pastor de la Iglesia Asamblea de Dios Autónoma de San
Pedro de la Paz
Octava Región
Los días Semana Santa, junto a un
equipo venido de Villa Alemana, realizamos un trabajo
de evangelización en las comunas de San Pedro de la Paz
y Talcahuano.
Esta actividad me hizo reflexionar
sobre algo que tiene relación con el modelo original de
Dios respecto de la iglesia local.
En las ultimas décadas hemos visto
el surgimiento de varias escuelas de entrenamiento y agencias
misioneras como OM (Operación Movilización), JUCUM (Juventud
con una Misión), COMIBAM (Cooperación Misionera Iberoamericana),
CRUZADA ESTUDIANTIL, UNDERFAITH y sus Misiones Urbanas
y otras.
Estas agencias y escuelas, seguro que
estaban en el corazón de Dios para que fueran creadas,
ya que aparecieron para cubrir una necesidad que la iglesia
no estaba supliendo. ¿Cuál? La de capacitar, instruir
y enviar a la gente que tenía hambre de servir de una
manera un tanto diferente. Desde esta perspectiva estas
organizaciones han sido un gran aporte al trabajo de la
extensión del reino de Dios.
Recuerdo que hace algunos años unos
jóvenes de mi congregación tenían fuertes inquietudes
de hacer misiones transculturales y, si bien es cierto,
le habíamos proporcionado las herramientas básicas de
la fe, no teníamos todos los recursos para entrenarlos,
así que me plantearon el deseo de irse a una de estas
escuelas y a pesar de mis aprensiones al respecto los
autorice a que fueran y creo que fue una gran decisión,
ya que después de haber ellos realizado trabajos prácticos,
recorrido algunos países, una vez vueltos ayudaron a ampliar
nuestra visión como iglesia.
Ahora bien, siento que esto no debiera
perpetuarse y creo que las agencias misioneras nunca van
a desaparecer, pero somos nosotros, la iglesia y especialmente
la iglesia local la que debe recobrar su rol de entrenadora
de aquellos que Dios está lanzando al Ministerio con una
fuerte carga por la evangelización no tradicional, como
por ejemplo, en área de las artes, el drama, la danza
contemporánea, el arte circense, comunicadores audiovisuales
y otros.
Cada vez vemos más en nuestra gente
diversos dones y talentos que deben ser desarrollados.
Cuando observé a este equipo de Villa
Alemana hacer su despliegue, con predicadores músicos,
cantantes, payasos, mimos, pensé… no han ido a ninguna
escuela de entrenamiento, todo lo han aprendido y desarrollado
en su iglesia local y no hay nada que envidiar de aquellas
otras escuelas.
Los pastores debemos despercudirnos
de nuestros prejuicios y permitir el desarrollo de nuevas
disciplinas y canalizar todas estas vertientes, estar
junto a ellos, entregarles los principios bíblicos para
que todo se haga armoniosamente, buscar profesionales
cristianos que nos ayuden en esta tarea para capitalizar
mejor todo el talento y aprender a hacer las cosas con
excelencia, como Dios lo merece.
Sin duda, todo esto es un aporte al
Reino, de lo contrario vamos a perder una bendición para
nuestras iglesias y tal vez, a la gente que tiene estas
inquietudes.
Iniciativas como estas es necesario
potenciar. Que más iglesias locales formen equipos de
trabajo con los dones y talentos que tienen y podamos
apoyar las diversas ideas que están en el corazón de muchos
pastores en diferentes lugares y que se limitan por no
contar con todos los elementos y equipos necesarios para
desarrollar tales ideas.
Cada iglesia local tiene lo que el
Cuerpo de Cristo necesita. Lo que mi congregación requiere,
otra lo puede suplir y lo que otra no tiene, nosotros
lo podemos proporcionar. Con este principio fortalecemos
el sentido de Cuerpo y potenciamos los dones y ministerios
que estoy seguro existen en nuestras congregaciones y
que tal vez se están atrofiando.
Debemos agradecer al Señor por los
proyectos de Misiones Juveniles de verano, Evangelistas
por Chile y otros que han surgido en el seno de nuestra
iglesia-país. Estos proyectos han dado y seguirán rindiendo
frutos, pero no toda nuestra gente es parte de ellos por
diferentes motivos, pero en una iglesia local sí es posible,
si tiene una clara visión de proporcionar instancias de
entrenamiento para que cada persona cumpla el propósito
para el cual fue llamada.