El pastor Raúl Torres nos envía nuevas
informaciones de Chillán Viejo
Hermógenes Carril Torres
En forma lenta hemos ido conociendo detalles
de lo que fue el terremoto y maremoto del sábado 27 de febrero.
Nos escribe el pastor de Chillán Viejo, Raúl Torres Calistro,
para entregarnos información más precisa de su situación.
¡Hola estimado Hermógenes!
Desde esta azotada tierra, te saluda tu hermano
y amigo.
Felizmente, hoy ya tenemos energía eléctrica,
lo que hace posible que podamos comunicarnos.
Fueron cuatro días de casi total incomunicación
y falta de información, por lo que creo que tú debes estar
mucho más informado que nosotros mismos que hemos sido los
protagonistas de este megaterremoto que ha causado tanto
estrago en gran parte del país.
Estuve leyendo las noticias que publicaste
en nuestra página, las cuales, en primera instancia, nos
permiten tener una idea de lo que sucedió dentro de nuestras
iglesias hermanas que sufrieron este terremoto y tsunami,
aunque en algunos casos la realidad es distinta.
A nosotros, en Chillán Viejo, por ejemplo,
se nos ha dañado el templo. De acuerdo a las instrucciones
de los expertos en cuanto a cómo medir los daños estructurales
en las construcciones, los de nuestro templo corresponderían
a "daños graves".
En todo caso, esto todavía no ha sido evaluado
por las personas indicadas y expertas en la materia.
Pienso que, después de los momentos oscuros
y dramáticos que vivimos, y cuando de a poco la calma comienza
a retornar, los pastores vamos a ir viendo con más precisión
cuáles fueron los daños que sufrieron nuestros hermanos
y la iglesia en todo su conjunto.
En cuanto a integridad física, gracias al Señor,
ninguno de nuestros hermanos sufrió daño alguno, sólo el
terror y la angustia que causaron los interminables minutos
que duró el movimiento telúrico.
En cuanto a lo demás, como rompimiento de loza,
electrodomésticos, muebles, etc., fue algo que, en general,
le sucedió a todo el mundo que sufrió esta catástrofe.
Quiero, a través de este correo, enviar un
cálido y afectuoso saludo a todos los queridos hermanos
y amigos que están sufriendo los efectos de este terremoto,
instándoles que hagan suyas las palabras del salmista que
dijo: "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto
auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque
la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón
del mar, aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen
los montes a causa de su braveza".
Por otra parte, creo que en estos momentos
de tragedia que enluta a nuestro país, mucha gente va a
querer acercarse a Dios, buscando consuelo, apoyo y fuerza,
por lo que como iglesia a nivel nacional debemos estar unidos
en la oración y en todo lo que sea necesario para enfrentar
el desafío que esto va a significar.
A mis queridos consiervos, especialmente a
los que les tocó vivir la oscura y larga noche del sábado
27 de febrero, les envío a través de esta página, mi más
cordial y fraternal saludo, y les animo a que con mucha
fe y optimismo, confiando en las promesas del Señor, enfrentemos
el desafío que tenemos por delante.
Para mí ha sido muy grato recibir un par de
llamadas telefónicas saludando, preguntando por nuestro
estado y dando ese ánimo tan necesitado.
Espero que cuando las comunicaciones ya se
hayan normalizado, podamos tener una grata comunicación.
Que Dios te bendiga, y un gran saludo para
los tuyos.
Raúl Torres.