Juan Carlos Martínez: de Chillán a pastor
de La Serena y Ovalle
>> Nuestro hermano nos cuenta cómo es tener
que mantener su Ministerio en estos dos lugares separados
por más de 80 kilómetros.
>> Aparte del sustento de la iglesia, este intérprete
de guitarra clásica se mantiene haciendo clases de
guitarra, de piano y violín, "y también me dedico al arte
retratista. Así, con mi arte, me ayudo para poner lo que
a veces la iglesia no logra completar".
Hermógenes Carril Torres
En marzo próximo cumplirá cuatro años como
pastor de la iglesia en Ovalle, donde está radicado, pero
desde el año 2000 también se desempeña en el mismo Ministerio
en la iglesia de La Serena. O sea, cada semana debe viajar
para mantener, igualmente, esa obra.
Se trata del hermano Juan Carlos Martínez Vega
(43), casado con Lucrecia Alvarado (45), y de cuyo matrimonio
tiene tres hijos: Matías (18), Simón (16) y Tomás (13).
Su
apariencia no es la clásica que uno tiene de un pastor,
porque le brota su condición de artista. Su hablar es un
tanto pausado como meditando las palabras que dice, procurando
ser entendido.
"Yo soy chillanejo de nacimiento, y a los 20
años me fui a Viña del Mar a estudiar al Instituto Bíblico,
y también he estado en Coquimbo y La Serena y ahora Ovalle,
como pastor", nos dice en medio de la entrevista.
Lo conocimos durante un viaje que hicimos
a Pichidegua, donde se desarrolló la Conferencia de Pastores
2011.
-¿Por qué ambos lugares,
si no están tan cerca?
-Estuve pastoreando La Serena desde el año 2000 y en el
año 2007 recibí la invitación para irnos a pastorear la
iglesia de Ovalle. Nos fuimos, fuimos a Ovalle y dejamos
un encargado de obra, un líder que después de un año pensamos
iba a consolidar su Ministerio, pero durante ese periodo
en vez de que ocurriera eso, pasó todo lo contrario.
Al final, esa persona se fue y volví a tomar
La Serena por petición de mis presbíteros colegas y figuro
como pastor de las dos partes. De Ovalle a La Serena hay
más de 80 kilómetros de distancia, así es que tengo que
viajar para allá, para acá. Dos veces a la semana estoy
en La Serena, pero estoy viviendo en Ovalle con mi familia,
ya que mis hijos estudian en Ovalle.
-Ahora fue apartado
un presbítero en La Serena…
-Correcto. El sábado 3 de diciembre fue ordenado en el Ministerio
un nuevo presbítero para La Serena. Se trata de Carlo Donnari,
así es que estamos contentos. También fue apartada una evangelista,
Ariana Rojas (28).
-¿Qué pasa en Ovalle
con este tema?
-En Ovalle teníamos un presbítero, que ahora no está en
la iglesia, no se congrega.
-¿Hay otro presbítero
en Ovalle?
-No, estoy solo con mi esposa. Igual tenemos un equipo de
liderazgo que nos ayuda. Hay un matrimonio de jóvenes que
nos ayuda, Luis Rodríguez y Evelyn Urbina, son nuestro brazo
derecho. Asimismo, en marzo próximo vamos a apartar a diáconos.
El papá de Evelyn, el hermano Carlos Urbina, que tiene un
tremendo testimonio de sanidad en la iglesia y es bien querido
por todos, él va a ser apartado como diácono para ayudar
en las labores de servicio.
-¿Cuántos hermanos se
congregan?
-Son alrededor de 30 personas bautizadas. Ahora si fueran
todos los que realmente se congregan, ahí llegaríamos fácilmente
a las 40 personas, pero siempre hay un domingo donde falta
uno u otro.
Aporte del arte
-¿Cómo se sostiene
en la parte económica?
-Yo percibo un sustento de la iglesia, aparte de eso, yo
también soy intérprete musical en guitarra clásica. Hago
mis clases de guitarra, de piano y violín, y también me
dedico al arte retratista. Así, con mi arte, me ayudo para
poner lo que a veces la iglesia no logra completar, digamos.
-¿Cuál
es el desafío grande en Ovalle?
-La drogadicción, la delincuencia y la idolatría están en
todas partes, pero en Ovalle se acentúan bastante, y se
comprueba el dicho "pueblo chico, infierno grande", pero
parece que mientras más chico, más se acentúan estas cosas.
Sin embargo, nos hemos encontrado con algo
bien particular que no había conocido cuando viví en Viña
del Mar: luchar contra el tradicionalismo, la superstición.
La gente es muy supersticiosa, nos hemos encontrado que
tú le puedes decir a alguien lo que está escrito en la Palabra,
le muestras con el versículo y sigue creyendo en la superstición
que está muy arraigada.
A veces, incluso bordean las prácticas ocultistas,
sin saberlo. Entonces, hemos tenido que dedicarnos a enseñar
por ahí y nos ha servido de evangelización también, porque
hemos visto que hay mucha gente que padece persecuciones
nocturnas por espíritus y llegan con esas preguntas por
qué le pasa esto a mi hija, a mi hijo o a mí, y a raíz de
eso hemos encontrado una vía para llegar con el evangelio
del Señor. Es muy común, muy común.
Lo otro es que tuve que adaptarme. Al principio,
mi primer año y medio fue que yo traté de adaptar a la gente
a mi forma de transmitir o a mi forma de ser y al final,
yo terminé adaptándome a ellos.
El peso del amor
-¿Ha sido muy pesado?
-Eeeeee… Desde una cierta perspectiva siempre hay un peso
y una carga, pero desde otra perspectiva siempre está el
gozo y la honra y el privilegio de servir al Señor, por
muy pesado que sea. Si tuviera que hacer una mezcla de estas
dos cosas que digo, lo llamaría como que es el peso del
amor, es como sostener a un hijo en tus brazos, pesa, pero
no lo quieres soltar por nada del mundo, porque lo amas.
-Un mensaje para nuestros
hermanos de las diferentes iglesias a través de nuestro
sitio web…
-Algo que siempre se ha dicho en los lugares donde estoy,
en Ovalle y en La Serena, que los ojos siempre los pongan
en el Señor. Es algo que se dice mucho, pero últimamente
me he dado cuenta que tiene que ser así. Puestos los ojos
en Jesús, como dice la Escritura, el autor y consumador
de la fe, porque si no estamos mirando todos a Cristo, empezamos
a mirarnos unos a otros, a nosotros mismos, y si yo te miro
a ti y tú me miras a mí, evidentemente vamos a encontrar
imperfecciones y errores y de eso vamos a hablar, lo que
estamos viendo, de eso hablamos.
Jesús dijo que de lo que vemos, de eso testificamos,
pero si miramos todos a Jesús no vamos a encontrar ningún
error y vamos a hablar de Cristo y va a ser perfecto nuestro
hablar, nuestro lenguaje va a ser el mismo, nuestra visión
va a ser la misma, ideal, nuestros ojos puestos en Jesús
y está garantizado el éxito.