Fue
un servicio fúnebre muy triste, pero con la tristeza de
quien tiene la esperanza de que nos veremos en la resurrección
de los justos, tal como se lo expresó el apóstol Pablo
a los hermanos de Tesalónica (1ª. Tesalonicenses
4:13-18).
Así se realizó la ceremonia en la que
toda la familia, amigos y hermanos en Cristo dieron su
último adiós al misionero Juan Fredrikson.
Dicho servicio se efectuó a
las 11:00 horas del martes 8 de julio en el templo de
la iglesia a la cual él pertenecía, o sea, en Uppsala.
Luego, el féretro fue llevado al cementerio, donde fueron
inhumados sus restos.
Una vez más, solicitamos las oraciones
por quienes le sobreviven al che Juan, la hermana Noemí
y sus hijos Carlos, Yonsy y Carina por esta gran tristeza
que están sufriendo.
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Hermes de la Hoz relata su último encuentro con
el che Juan (04 de julio de 2008)
Nota de la Redacción:
En nuestro afán por conocer más acerca
de quién fue el misionero Juan Fredrikson y su trabajo
en Chile, encontramos la revista "El Clamor" de diciembre
de 1986, donde el director responsable de la época, Daniel
Svensson, lo entrevistó.
Incluimos completamente dicho texto.
1986, año de aniversarios para Juan
Fredrikson
Para Juan Fredrikson el año 1986
es un año de importantes aniversarios. Grandes decisiones
para la vida las tomó hace 40 y 50 años atrás. En esta
entrevista él cuenta sobre su vida, sus primeros años
en Bolivia donde nació, su juventud en Argentina y cómo
llegó a Chile.
Aunque
la mayor parte de su vida la ha vivido en Chile su acento
revela su pasado argentino. Muchos le conocen como "che
Juan". Pero el inicio fue en Bolivia, allá por el año
1925. Sus padres, Carlos y María Fredrikson llegaron a
Bolivia en 1923. Junto con Albino Gustafsson y Gustavo
Flood fueron los primeros misioneros pentecostales en
ese país. Les tocó realizar el duro trabajo de pioneros.
Cuando Juan tenía sólo tres años de edad, la familia dejó
Bolivia para radicarse en Argentina. Los recuerdos de
Bolivia de aquella época son casi nulos. Sin embargo,
siendo un niño, Juan escuchó muchas veces, especialmente
a su madre, relatar los difíciles tiempos que ellos vivieron
en Bolivia.
SIN SUELDO
- Llegué a tener rechazo a Bolivia,
relata Juan Fredrikson. Mis padres sufrieron mucho por
la estrechez económica y también por la lucha abierta
que había de parte de los sacerdotes católicos.
Los misioneros suecos en Bolivia no tenían sueldo. Vivían
de la provisión de Dios. A veces los Fredrikson debieron
vender ropa, utensilios de cocina, la máquina de escribir,
relojes, etc…, para poder comprar alimentos. De vez en
cuando llegaba un cheque de Suecia para suplir algunas
necesidades.
Mientras transcurre la entrevista, Juan busca un viejo
libro de caja que perteneció a su padre. Allí él registró
todos sus ingresos y gastos desde que salió de Suecia
el año 1923. En una de sus páginas dice "dádiva de Dios"
y al lado figura el valor del pan durante un mes.
NOCHE SIN DORMIR
Era una mujer rica y muy católica en
Santa Cruz, Bolivia, que durante un mes le dio el pan
a la familia Fredrikson, que no tenía ni un centavo.
- Mis padres nunca compraron a crédito,
dice Juan. Cuando no había dinero no compraban simplemente.
Un día al llegar el panadero, mi padre le dijo que ese
día no comprarían. Un par de horas más tarde regresó éste.
Carlos Fredrikson le insistió que no compraría pan. Entonces
el panadero contó que había pasado por casa de aquella
mujer. Ella le preguntó por los "protestantes". Él
respondió que estaban bien. Sólo que ese día no le habían
comprado el pan. La mujer le contó que había estado toda
la noche sin poder dormir, pensando en los "protestantes".
Dios le había hecho entender que debía ayudarles. Durante
un mes ella les estuvo enviando pan. Ese mes recibieron
pan hasta que llegó un sobre de Suecia con un pequeño
cheque.
HEREJES PROTESTANTES
- Pero por detrás, mi padre era amigo
del cura. Una vez el sacerdote quería venderle una Biblia.
Pero al revisarla descubrió que le faltaban algunas hojas.
Las páginas con los diez mandamientos, la prohibición
de hacer imágenes, la mención sobre los hermanos de Jesús
y la instrucción del apóstol Pablo en cuanto a que un
obispo debía ser marido de una sola mujer, habían sido
arrancadas.
- Seguramente el sacerdote no quería
que sus feligreses leyeran sobre eso. Hoy en día hay más
libertad de pensamiento, agrega Fredrikson.
- Lo otro difícil era la lucha con
los sacerdotes. Donde arrendaba mi papá, cuenta el evangelista
Fredrikson, la gente no pisaba la vereda. Los curas habían
advertido sobre los "herejes protestantes". Los misioneros
eran despreciados y perseguidos. Varias veces fueron apedreados.
Evangelio era en ese tiempo una herejía.
La persecución muchas veces era difícil.
El local de reuniones era apedreado, a pesar de haber
sido anteriormente una capilla católica. En el diario
de Santa Cruz había discusiones abiertas entre protestantes
y sacerdotes. Después de cinco años de trabajo recién
había unos 15 ó 17 miembros en la Iglesia.
HACE 50 AÑOS
Cuando la familia Fredrikson, los padres
y cuatro hijos, dejaron Bolivia, estuvieron primero un
año en Buenos Aires y luego decidieron comenzar una Iglesia
en la ciudad de Rosario.
Arrendaron una pieza, que les servía
de dormitorio, cocina y living. Allí vivieron un tiempo
hasta que viajaron a Suecia. Allí permanecieron por más
de dos años ya que Carlos Fredrikson debía viajar para
reunir el dinero de los pasajes. Era la década de los
años 30, cuando la situación económica mundial pasaba
por sus peores momentos. Finalmente regresaron a Buenos
Aires, Argentina.
 |
| Juan Fredrikson junto a sus padres
y hermanos a la edad de siete años. |
- Uno no es cristiano por ser de "cuna
evangélica", ni es salvo por ser hijo de misionero. Llegó
el momento en que sentí la necesidad de hacer confesión
pública de mi arrepentimiento, dice Juan.
El 15 de noviembre de 1936 -hace 50 años- siendo un muchacho
de 11 años fue bautizado por su padre.
INICIO DEL EVANGELISTA
- Fue en ese tiempo que me llegó el
llamado de Dios a ser evangelista. No fue una visión ni
nada semejante. Era algo que estaba adentro. Fredrikson
sentía regresar para trabajar en Argentina. Su problema
ahora era comunicarle la decisión a su padre.
Junto con su amigo José Crudo comenzó
a repartir folletos por las calles de Buenos Aires. Escribían
a mano la dirección del templo y caminaban largas distancias
hasta el centro de la gran ciudad para invitar personas
a las reuniones de la Iglesia.
El joven Juan activaba cada vez más en la iglesia y a
los 13 - 14 años ya era el organista. Como todo joven,
tenía sus planes para el futuro. Comenzó a estudiar comercio,
con el propósito de obtener el título de doctor en ciencias
económicas. También tocaba piano aspirando a ser concertista.
ESPERANDO LOS 21
- No quería ser evangelista o misionero,
recuerda Juan Fredrikson. Había visto los sufrimientos
de mis padres. Pero tenía la inquietud de servir a Dios.
Se acercaba el día en que iba a cumplir los 21 años. Pero
entonces sintió que debía tomar una decisión. ¿Pianista,
contador o evangelista? No era fácil. Durante varias horas
luchó consigo mismo. Finalmente se decidió. Su futuro
sería servir a Dios.
- Cumplir 21 años era para mí una fecha
muy especial, se apresura a decir. Hacía cuatro años que
estaba enamorado de una joven llamada Noemí. Sólo esperaba
cumplir los 21 para declararle mi amor. Mis padres me
habían infundido un gran respeto para no jugar con el
amor. En el día de su cumpleaños -hace 40 años- estaba
de visita en la ciudad de Osorno, Chile. En casa de la
familia Leyghton, se hizo una gran fiesta. El encargado
de la Iglesia, Alejandro Leyghton, habló con el festejado.
Le preguntó si tenía llamado para servir a Dios. Es día
no lo pudo negar.
- Tenía mucho respeto por mi padre.
No se le podía tutear al padre en esos tiempos. Él me
había costeado los estudios y no sabía como decirle que
mis planes habían cambiado. Mi padre seguramente sabía
que yo tenía el llamado a ser evangelista, pero él esperaba
que yo se lo dijera.
Su primer lugar de trabajo en la iglesia, fue la ciudad
de Rosario. El 17 de marzo del mismo año -hace también
40 años- viajó a esa ciudad para hacerse cargo de la iglesia.
ANÉCDOTA
Medio año más tarde llegó otro misionero
a Rosario. Juan Fredrikson debía interpretarlo, ya que
el misionero aún no hablaba castellano.
En una ocasión una hermana vino a decirle al evangelista:
"Che Juan, este nuevo misionero predica igualito que vos".
- Yo no sabía mucho sueco, cuenta Juan. A veces no entendía
todo lo que decía el misionero. No podía detener la predicación,
así que debía poner de mi material. De ese modo aprendí
sueco y el misionero aprendió castellano.
TIERRA NUEVA
Un tiempo después, el evangelista hizo
nuevamente un viaje a Suecia. Cuando iba a regresar a
Argentina tuvo que solicitar autorización para salir de
Suecia, ya que estaba en edad de servicio militar. También
tuvo que solicitar autorización para adquirir divisas,
las que estaban muy restringidas.
Al recibir la respuesta quedó totalmente
confundido. Él no esperaba una negativa.
- Durante un mes estuve orando, también ayuné, para saber
lo que debía hacer. Entonces nació la idea de Chile. Estaba
en la leñera picando leña cuando tomé la decisión de irme
a Chile. Fue una tremenda alegría. Cantaba, decía ¡aleluya!.
. .
Presentó nuevamente sus papeles, esta
vez con Chile en la meta. Ansioso esperaba una respuesta,
la que recibió en pocos días. Afirmativa.
NACE "EL CLAMOR"
Durante el primer tiempo en Chile,
Juan Fredrikson trabajó en la iglesia en Santiago junto
a su suegro, Albino Gustafsson, quien era el pastor. Allí
nació la idea de hacer una revista.
En junio de 1953 salió el primer número de esta revista,
y Juan Fredrikson fue su editor durante muchos años. "El
Clamor" se imprimió al comienzo en una pequeña prensa
manual que tenía Fredrikson.
 |
| Portada de la revista "El Clamor"
de diciembre de 1986. |
Primero se publicó desde Viña del Mar,
donde se radicó la joven familia. Luego se trasladaron
a Villa Alemana, y más tarde a Santiago. Ahora viven allí
el evangelista y su esposa Noemí. Los hijos ya han formado
sus propias familias y viven en Suecia y Estados Unidos.
EVANGELISMO EN CARPA
Aunque el trabajo de la revista y la
imprenta está muy relacionado con la evangelización, el
deseo de Juan Fredrikson era poder dedicarse exclusivamente
a evangelismo.
Por diferentes razones tuvo que tomar responsabilidades
pastorales en Valparaíso y Santiago. Recién a comienzos
de la década del '70 empezó a trabajar de lleno
con campañas en carpa.
EL RUMBO DE LA VIDA
En la conversación con Juan Fredrikson,
él confiesa que ya no tiene las fuerzas de antes.
El año 1986 ha sido un año de muchos recuerdos.
Cincuenta años desde que se bautizó y sintió el llamado
de Dios para el evangelismo. Cuarenta años desde que decidió
servir a Dios, desde que comenzó a trabajar como evangelista
y también desde que declaró su amor a Noemí, la que ha
sido la fiel compañera de su vida.
Recuerdos de acontecimientos que fijaron
el rumbo de su vida.