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Gran tristeza, pero con la esperanza del justo

Hermógenes Carril Torres

Fue un servicio fúnebre muy triste, pero con la tristeza de quien tiene la esperanza de que nos veremos en la resurrección de los justos, tal como se lo expresó el apóstol Pablo a los hermanos de Tesalónica (1ª. Tesalonicenses 4:13-18).

Así se realizó la ceremonia en la que toda la familia, amigos y hermanos en Cristo dieron su último adiós al misionero Juan Fredrikson.

Dicho servicio se efectuó a las 11:00 horas del martes 8 de julio en el templo de la iglesia a la cual él pertenecía, o sea, en Uppsala. Luego, el féretro fue llevado al cementerio, donde fueron inhumados sus restos.

Una vez más, solicitamos las oraciones por quienes le sobreviven al che Juan, la hermana Noemí y sus hijos Carlos, Yonsy y Carina por esta gran tristeza que están sufriendo.

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Nota de la Redacción: En nuestro afán por conocer más acerca de quién fue el misionero Juan Fredrikson y su trabajo en Chile, encontramos la revista "El Clamor" de diciembre de 1986, donde el director responsable de la época, Daniel Svensson, lo entrevistó.
Incluimos completamente dicho texto.

1986, año de aniversarios para Juan Fredrikson

Para Juan Fredrikson el año 1986 es un año de importantes aniversarios. Grandes decisiones para la vida las tomó hace 40 y 50 años atrás. En esta entrevista él cuenta sobre su vida, sus primeros años en Bolivia donde nació, su juventud en Argentina y cómo llegó a Chile.

Aunque la mayor parte de su vida la ha vivido en Chile su acento revela su pasado argentino. Muchos le conocen como "che Juan". Pero el inicio fue en Bolivia, allá por el año 1925. Sus padres, Carlos y María Fredrikson llegaron a Bolivia en 1923. Junto con Albino Gustafsson y Gustavo Flood fueron los primeros misioneros pentecostales en ese país. Les tocó realizar el duro trabajo de pioneros.
Cuando Juan tenía sólo tres años de edad, la familia dejó Bolivia para radicarse en Argentina. Los recuerdos de Bolivia de aquella época son casi nulos. Sin embargo, siendo un niño, Juan escuchó muchas veces, especialmente a su madre, relatar los difíciles tiempos que ellos vivieron en Bolivia.

SIN SUELDO

- Llegué a tener rechazo a Bolivia, relata Juan Fredrikson. Mis padres sufrieron mucho por la estrechez económica y también por la lucha abierta que había de parte de los sacerdotes católicos.
Los misioneros suecos en Bolivia no tenían sueldo. Vivían de la provisión de Dios. A veces los Fredrikson debieron vender ropa, utensilios de cocina, la máquina de escribir, relojes, etc…, para poder comprar alimentos. De vez en cuando llegaba un cheque de Suecia para suplir algunas necesidades.
Mientras transcurre la entrevista, Juan busca un viejo libro de caja que perteneció a su padre. Allí él registró todos sus ingresos y gastos desde que salió de Suecia el año 1923. En una de sus páginas dice "dádiva de Dios" y al lado figura el valor del pan durante un mes.

NOCHE SIN DORMIR

Era una mujer rica y muy católica en Santa Cruz, Bolivia, que durante un mes le dio el pan a la familia Fredrikson, que no tenía ni un centavo.

- Mis padres nunca compraron a crédito, dice Juan. Cuando no había dinero no compraban simplemente. Un día al llegar el panadero, mi padre le dijo que ese día no comprarían. Un par de horas más tarde regresó éste. Carlos Fredrikson le insistió que no compraría pan. Entonces el panadero contó que había pasado por casa de aquella mujer. Ella le preguntó por los "protestantes". Él respondió que estaban bien. Sólo que ese día no le habían comprado el pan. La mujer le contó que había estado toda la noche sin poder dormir, pensando en los "protestantes".
Dios le había hecho entender que debía ayudarles. Durante un mes ella les estuvo enviando pan. Ese mes recibieron pan hasta que llegó un sobre de Suecia con un pequeño cheque.

HEREJES PROTESTANTES

- Pero por detrás, mi padre era amigo del cura. Una vez el sacerdote quería venderle una Biblia. Pero al revisarla descubrió que le faltaban algunas hojas. Las páginas con los diez mandamientos, la prohibición de hacer imágenes, la mención sobre los hermanos de Jesús y la instrucción del apóstol Pablo en cuanto a que un obispo debía ser marido de una sola mujer, habían sido arrancadas.

- Seguramente el sacerdote no quería que sus feligreses leyeran sobre eso. Hoy en día hay más libertad de pensamiento, agrega Fredrikson.

- Lo otro difícil era la lucha con los sacerdotes. Donde arrendaba mi papá, cuenta el evangelista Fredrikson, la gente no pisaba la vereda. Los curas habían advertido sobre los "herejes protestantes". Los misioneros eran despreciados y perseguidos. Varias veces fueron apedreados. Evangelio era en ese tiempo una herejía.

La persecución muchas veces era difícil. El local de reuniones era apedreado, a pesar de haber sido anteriormente una capilla católica. En el diario de Santa Cruz había discusiones abiertas entre protestantes y sacerdotes. Después de cinco años de trabajo recién había unos 15 ó 17 miembros en la Iglesia.

HACE 50 AÑOS

Cuando la familia Fredrikson, los padres y cuatro hijos, dejaron Bolivia, estuvieron primero un año en Buenos Aires y luego decidieron comenzar una Iglesia en la ciudad de Rosario.

Arrendaron una pieza, que les servía de dormitorio, cocina y living. Allí vivieron un tiempo hasta que viajaron a Suecia. Allí permanecieron por más de dos años ya que Carlos Fredrikson debía viajar para reunir el dinero de los pasajes. Era la década de los años 30, cuando la situación económica mundial pasaba por sus peores momentos. Finalmente regresaron a Buenos Aires, Argentina.

Juan Fredrikson junto a sus padres y hermanos a la edad de siete años.

- Uno no es cristiano por ser de "cuna evangélica", ni es salvo por ser hijo de misionero. Llegó el momento en que sentí la necesidad de hacer confesión pública de mi arrepentimiento, dice Juan.
El 15 de noviembre de 1936 -hace 50 años- siendo un muchacho de 11 años fue bautizado por su padre.

INICIO DEL EVANGELISTA

- Fue en ese tiempo que me llegó el llamado de Dios a ser evangelista. No fue una visión ni nada semejante. Era algo que estaba adentro. Fredrikson sentía regresar para trabajar en Argentina. Su problema ahora era comunicarle la decisión a su padre.

Junto con su amigo José Crudo comenzó a repartir folletos por las calles de Buenos Aires. Escribían a mano la dirección del templo y caminaban largas distancias hasta el centro de la gran ciudad para invitar personas a las reuniones de la Iglesia.
El joven Juan activaba cada vez más en la iglesia y a los 13 - 14 años ya era el organista. Como todo joven, tenía sus planes para el futuro. Comenzó a estudiar comercio, con el propósito de obtener el título de doctor en ciencias económicas. También tocaba piano aspirando a ser concertista.

ESPERANDO LOS 21

- No quería ser evangelista o misionero, recuerda Juan Fredrikson. Había visto los sufrimientos de mis padres. Pero tenía la inquietud de servir a Dios. Se acercaba el día en que iba a cumplir los 21 años. Pero entonces sintió que debía tomar una decisión. ¿Pianista, contador o evangelista? No era fácil. Durante varias horas luchó consigo mismo. Finalmente se decidió. Su futuro sería servir a Dios.

- Cumplir 21 años era para mí una fecha muy especial, se apresura a decir. Hacía cuatro años que estaba enamorado de una joven llamada Noemí. Sólo esperaba cumplir los 21 para declararle mi amor. Mis padres me habían infundido un gran respeto para no jugar con el amor. En el día de su cumpleaños -hace 40 años- estaba de visita en la ciudad de Osorno, Chile. En casa de la familia Leyghton, se hizo una gran fiesta. El encargado de la Iglesia, Alejandro Leyghton, habló con el festejado. Le preguntó si tenía llamado para servir a Dios. Es día no lo pudo negar.

- Tenía mucho respeto por mi padre. No se le podía tutear al padre en esos tiempos. Él me había costeado los estudios y no sabía como decirle que mis planes habían cambiado. Mi padre seguramente sabía que yo tenía el llamado a ser evangelista, pero él esperaba que yo se lo dijera.
Su primer lugar de trabajo en la iglesia, fue la ciudad de Rosario. El 17 de marzo del mismo año -hace también 40 años- viajó a esa ciudad para hacerse cargo de la iglesia.

ANÉCDOTA

Medio año más tarde llegó otro misionero a Rosario. Juan Fredrikson debía interpretarlo, ya que el misionero aún no hablaba castellano.
En una ocasión una hermana vino a decirle al evangelista: "Che Juan, este nuevo misionero predica igualito que vos".
- Yo no sabía mucho sueco, cuenta Juan. A veces no entendía todo lo que decía el misionero. No podía detener la predicación, así que debía poner de mi material. De ese modo aprendí sueco y el misionero aprendió castellano.

TIERRA NUEVA

Un tiempo después, el evangelista hizo nuevamente un viaje a Suecia. Cuando iba a regresar a Argentina tuvo que solicitar autorización para salir de Suecia, ya que estaba en edad de servicio militar. También tuvo que solicitar autorización para adquirir divisas, las que estaban muy restringidas.

Al recibir la respuesta quedó totalmente confundido. Él no esperaba una negativa.
- Durante un mes estuve orando, también ayuné, para saber lo que debía hacer. Entonces nació la idea de Chile. Estaba en la leñera picando leña cuando tomé la decisión de irme a Chile. Fue una tremenda alegría. Cantaba, decía ¡aleluya!. . .

Presentó nuevamente sus papeles, esta vez con Chile en la meta. Ansioso esperaba una respuesta, la que recibió en pocos días. Afirmativa.

NACE "EL CLAMOR"

Durante el primer tiempo en Chile, Juan Fredrikson trabajó en la iglesia en Santiago junto a su suegro, Albino Gustafsson, quien era el pastor. Allí nació la idea de hacer una revista.
En junio de 1953 salió el primer número de esta revista, y Juan Fredrikson fue su editor durante muchos años. "El Clamor" se imprimió al comienzo en una pequeña prensa manual que tenía Fredrikson.

Portada de la revista "El Clamor" de diciembre de 1986.

Primero se publicó desde Viña del Mar, donde se radicó la joven familia. Luego se trasladaron a Villa Alemana, y más tarde a Santiago. Ahora viven allí el evangelista y su esposa Noemí. Los hijos ya han formado sus propias familias y viven en Suecia y Estados Unidos.

EVANGELISMO EN CARPA

Aunque el trabajo de la revista y la imprenta está muy relacionado con la evangelización, el deseo de Juan Fredrikson era poder dedicarse exclusivamente a evangelismo.
Por diferentes razones tuvo que tomar responsabilidades pastorales en Valparaíso y Santiago. Recién a comienzos de la década del '70 empezó a trabajar de lleno con campañas en carpa.

EL RUMBO DE LA VIDA

En la conversación con Juan Fredrikson, él confiesa que ya no tiene las fuerzas de antes.
El año 1986 ha sido un año de muchos recuerdos. Cincuenta años desde que se bautizó y sintió el llamado de Dios para el evangelismo. Cuarenta años desde que decidió servir a Dios, desde que comenzó a trabajar como evangelista y también desde que declaró su amor a Noemí, la que ha sido la fiel compañera de su vida.

Recuerdos de acontecimientos que fijaron el rumbo de su vida.